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La línea Teruel-Alcañiz: un recorrido fantasmagórico

Eloy Fernández Clemente

El 23 de noviembre de 1995, -hace diez años justos-, hicimos en un día el viaje Zaragoza-Teruel-Alcañiz-Zaragoza (i450 km!) con mi colega y amigo el profesor Pedro Rújula, para indagar en esta misteriosa línea nunca acabada. El recorrido comenzó en Teruel. La estación de la línea Teruel-Alcañiz estaba pensada en el Ensanche. Hasta se barajó la posibilidad de desmontar la gran escalinata que desciende al instituto pero la estación de la capital no llegó a construirse. Ni el empalme que pondría en relación esta línea ¡con la costa mediterránea!

Todo el viaje fuimos parando y haciendo fotografías y tomando notas. Y caminando hasta las estaciones, almacenes y otras dependencias muertas y carcomidas por el tiempo y la desidia. En ocasiones hubo que buscar bastante lejos de la carretera. Algunas semanas después lo contamos, con diapositivas, en una Semana cultural de Alcorisa. Aún, tanto tiempo después, permanecen en mi retina y en el rincón de las emociones tantas imágenes, tantas sensaciones.

Hoy, cuando Diego Hernández Estopiñán me pide un texto que preceda a este fantástico catálogo, rememoro lo que, indagando aquí y allá, he ido sabiendo de esta línea "fantasma", no nata, de impresionante recorrido, y lo que he escrito ya unas cuantas veces en diversas publicaciones. Las palabras del historiador, escuetas, atenidas a los hechos documentados, quedan frías y pobres ante la extraordinaria belleza de estas fotografías llenas de sentido artístico, de calidad, de increíble comprensión de lo que todo eso significó en su día y de algún modo permanece, nos increpa, espera.

Fue éste el caso más destacado entre los proyectos ferroviarios de la Dictadura de Primo de Rivera que no se convertirían en realidad, porque se construyó todo el tramo Teruel-Alcañiz y estaba comenzado el que continuaba por Caspe-Mequinenza a Lérida; pero nunca llegaron a instalarse las vías. Línea transversal española que enlazaría en un trazado muy ambicioso, como hacían los viejos trenes, las extrañas carreteras secundarias, los enlaces de Correos, desde Baeza en la lejana Andalucía hasta Francia: cuando el Ministro de Fomento expone las líneas generales del proyecto indica que se trata de enlazar con la línea Lérida a Caspe, a unir con la red francesa en Saint-Girons. (Acuerdo en Consejo de Ministros del Directorio Civil, 1 de octubre de 1926).

Su trazado de 275 km había sido proyectado por el ingeniero turolense Bartolomé Estevan Mata, a quien se rendirían homenajes repetidamente por ello. Porque ese ferrocarril hubiera vertebrado la provincia, suponiendo un cambio radical en sus comunicaciones y vinculando al Bajo Aragón con la capital.

Es una historia triste vista desde hoy, pero fue una historia de ilusión y entusiasmo hace ochenta años.

Una muestra de ello fue la reunión del vecindario de Andorra en el Ayuntamiento, con "un entusiasmo indescriptible", para tratar del tan esperado ferrocarril. La villa vive la preocupación de que "siendo éste un ferrocarril destinado a mejorar la explotación de la riqueza minera, no se concibe el alejamiento de ocho kilómetros de la población y de 13 a 14 de la cuenca minera de "Val de Ariño", donde según informes de ingenieros técnicos, después de practicados sondeos, se han podido apreciar la existencia de cientos de millones de toneladas de carbón, calidad que en nada tiene que envidiar a los mejores de la provincia". Se acuerda de modo unánime que Andorra ofrezca, si el ferrocarril pasa por su término, al Estado o compañía constructora, 3.000 jornales gratuitos, todo el terreno comunal o particular que atraviesen las vías, materiales de piedra, cal, yeso, etc., edificios necesarios y aún varios miles de t de carbón que cedería el propietario minero Manuel Cañada.

La víspera de ésa había tenido lugar otra asamblea en Alcañiz, que felicita a Bartolomé Estevan, forma una comisión de propaganda y estudia los medios de apoyar la construcción del ferrocarril, en la que estarán, además del delegado gubernativo, alcalde, párroco, presidentes del Sindicato Agrícola Católico y de la Asociación de Labradores, Casino, Banco Hispano, y los alcañizanos Díaz Ferrer y Taboada.

Sin embargo, las cosas fueron despacio, y sólo un año largo después se aprobaría el concurso para ejecución de la línea, comenzándose por "el trozo de Lérida a Fraga del ferrocarril "de Baeza a Lérida", de cuarenta y un kilómetros y que sale a subasta por seis millones setecientas cincuenta y cuatro mil pesetas". En julio de ese año de 1927 se demandan obreros para el ferrocarril, a un jornal mínimo de 0'50 pts. hora, siendo a convenir con la brigada el destajo, y se aprueba el expediente de adjudicación del segundo trozo de la segunda Sección del Ferrocarril de Teruel a Lérida "y ramal a Jaca."

Se hicieron todas las obras de explanación, se construyeron obras tan importantes como el viaducto de Alfambra y el túnel de Vellida así como numerosos puentes, túneles, desmontes, estaciones. Todavía hoy pueden verse, muchas veces paralelamente a la carretera, las muchas señales de la línea que desde Teruel habría de bajar por Tortajada, Villalba Baja, Cuevas Labradas, Peralejos, Alfambra, Perales, Fuentes Calientes, Valdeconejos, Loma de San Justo y Pastor, Palomar, Castel de Cabra, Cañizar, Gargallo, La Mata, Alcorisa, Foz, Calanda, Castelserás, Alcañiz ... Además, muchos de los viejos planes para unir las zonas mineras de Utrillas y Andorra con la línea del Val de Zafán, etcétera, quedaban ahí resueltos.

Pero la construcción se interrumpió en 1930 apenas a falta de instalar los raíles, por complicaciones económicas y jurídicas (quizá también porque habían cambiado los planes político-económicos), y ningún tren llegó a circular. Luego vinieron el desinterés de los sucesivos gobiernos de la República, la Guerra, la Dictadura de Franco que quizá con ese olvido castigaba a una provincia rebelde; y estudios de carácter técnico-económico internacional desaconsejaron terminarla, por estimar su futura rentabilidad como muy dudosa. En otros muchos casos han desaparecido viejas y añoradas líneas; ésta no tuvo siquiera su oportunidad histórica: murió antes de nacer. Apenas quedan esas ruinas, y esta extraordinaria sensibilidad en la mirada de un joven fotógrafo.

 

ELOY FERNÁNDEZ CLEMENTE

Catedrático de Historia Económica en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Zaragoza

 

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