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Diego HE & Ángel J. Torres (foto Leo Tena)

I Festival Inernacional de Fotografía Teruel Punto Photo

¡Robert Doisneau en Teruel! 

 

 

In memóriam. Ángel J. Torres

 

Lo había visto callejear por Teruel en infinidad de ocasiones, quedaba siempre prendado del tono grave de su voz cuando pasaba por su lado y tenía la suerte de escuchar la conversación que mantenía con algún compañero de caminata.

Vino un día a la exposición de Raíles de Tierra, y otro, y otro, y otro más…

Antes de terminar el mes largo que la exposición estuvo colgando en la Cámara de Comercio de Teruel, tras muchas horas de conversación hipnótica y apasionada por nuestra manera fotográfica de contemplar la vida, habíamos decidido ya –nada menos que- crear la Sociedad Fotográfica Turolense.

Así fue como, esperando un tren que nunca llegó, en la cola de la ventanilla para comprar el billete a ninguna parte, llegué al destino de amistades inesperadas. Leo Tena y Andrés Fernández fueron los primeros de muchos más con los que compartiríamos el vagón más tarde. Ángel J. Torres sería el maquinista de una locomotora que avanzaba ya imparable.

Hace poco que marchó, hacia las vías circulares del eterno retorno, dejándonos en la bandeja del fijador su obra, su memoria y su amistad, bajo la luz -triste- con que la bombilla roja de la añoranza ilumina los recuerdos.

Este es el artículo –profético- que nos dedicó en el Diario de Teruel. Profético en cuanta a sus deseos, pues existe en la ciudad de Teruel un ya afianzado Festival Internacional de Fotografía, Teruel Punto Photo, que encarriló y presidió con tanta ilusión como tesón, hasta que la boira nos lo fue difuminando…

Al fotógrafo, al maestro, al amigo, con el que tuve la suerte de caminar y detener el tiempo.

 Diego HE

 

Diario de Teruel, 29 de noviembre de 2005

Tribuna Abierta

 

El grito desesperado de mi tierra

Por Ángel J. Torres 

No somos los turolenses muy dados a reconocer y a valorar los méritos de los nuestros, sobre todo mientras queman las primeras etapas de sus carreras.

Bien podría decirse que en Teruel se hace realidad aquello de que nadie es profeta en su tierra, al contrario de otros lugares en los que, con chovinismo patriotero, hacen de lo suyo algo sublime, único y diferente. Mucho tiene que despuntar nuestra gente para que sus paisanos le reconozcamos el mérito suficiente en los momentos que más lo necesita. Siempre me ha molestado esta escasa valoración, cuando no el menosprecio, hacia el talento de la gente joven. Destacar y ser alguien en el mundo que nos toca vivir cuesta mucho y deberíamos apreciar más la cultura del esfuerzo, aunque solamente fuera para ofrecerla como modelo a los que vienen detrás, en contraposición a lo que machaconamente la televisión nos brinda.

No piensen que esta entradilla es preámbulo de ningún artículo de sociología, ciencia de las relaciones humanas, sino más bien una pequeña reflexión que me hacía una de estas tardes cuando, practicando el sano vicio de callejear por la ciudad, descubrí en la Cámara de Comercio el anuncio de una exposición fotográfica: Raíles de Tierra. Confieso que la fotografía, más que interesarme, me apasiona, y traspasando la penumbra del portal, me introduje en el pluriespacio lleno de luz que contiene la muestra.

Ya dentro, se pueden contemplar casi una treintena de fotos enmarcadas colgando de las paredes. Son obra del joven fotógrafo turolense Diego Hernández, en equipo con Mario Ropero, poeta en prosa, y Fernando Maícas, dimensión humana de la imagen. El tema de la exposición gira en torno al tren, a un tren que nunca fue. Fruto del regeneracionismo fracasado de hace casi un siglo, aún se conservan los restos de un proyecto ferroviario que han servido de motivo para el objetivo lleno de maestría de la cámara de Diego.

Estaciones destejadas por los temporales. Estructuras que semejan esqueletos de dinosaurios. Nubarrones resaltados por el filtro rojo. Hierba  que devora muelles y playas. Esférico andén reflejado en la retina. Túneles de azabache en los que apenas se vislumbra la salida. Visión onírica del tren que escapa del viajero. Fantasmagorías, tal vez imaginadas, del otro lado del tiempo. Lenguaje radical en lo plástico y lo poético. La cámara de Diego Hernández ha captado con mirada crítica, con madurez y con cierto grado de nostalgia la ruina, el abandono y el éxodo. Todos tenemos una manera de expresamos y estos artistas lo hacen con sus textos literarios, con sus dotes interpretativas, y con su visión fotográfica. A mí, como observador que se recrea contemplando la obra, me produce la sensación de grito desesperado de mi tierra. Una denuncia aplastante pero sin histrionismos, que contrasta con las voces destempladas que últimamente se escuchan.

Complemento de la exposición es un catálogo que recomiendo a quienes la visiten. En una cuidada edición, con presentaciones de Miguel Ferrer y de Juan Villalba y con un prólogo del maestro Eloy Fernández Clemente, van desfilando por  sus páginas todas las fotografías, acompañadas de unos inspirados textos que las realzan. En la última foto de la colección aparecen los tres jóvenes autores del trabajo. En sus miradas, se percibe la promesa de nuevas empresas.

A modo de apéndice y al hilo de estas reflexiones, invito al área municipal competente a introducir en el otoño cultural una quincena dedicada a la fotografía, un pequeño Teruel-Foto con exposiciones, talleres, sesiones de fotofórum, concursos… Reunir un conjunto de estas actividades en un espacio limitado de tiempo, además de enriquecer nuestra vida cultural, podría servir para ofertar a centros educativos, atraer a gente foránea o animar al comercio.

 

 

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